El suelo está mojado y sube. Lo primero que hace casi todo el mundo es coger una fregona, y es exactamente lo que no toca hacer todavía.
Lo que ocurre en las dos primeras horas decide dos cosas: cuánto se estropea y cuánto va a pagar el seguro. Las decisiones que más caras salen son las que se toman con prisa y buena intención —secar, tirar, reparar— porque borran la prueba de que el daño existió.
Esta guía va en el orden real, no en el orden en que apetece hacerlo.
La llave de paso general suele estar bajo el fregadero, en el cuarto de baño o en el armario del contador. Si nunca la has cerrado, ábrela y ciérrala una vez hoy, antes de necesitarla: las llaves que llevan quince años sin moverse a veces no giran, y descubrirlo con el agua corriendo es el peor momento posible.
Si el agua ha llegado a enchufes, regletas o electrodomésticos, baja el diferencial de esa zona antes de pisar el charco. No hace falta cortar toda la casa; sí hace falta cortar donde hay agua.
Si la fuga viene de arriba y en el piso del vecino no hay nadie, avisa al administrador de la finca.
Este es el paso que más gente se salta y el que más dinero cuesta. El perito valorará lo que pueda ver o lo que puedas demostrar. Si cuando llega —y puede tardar días— ya has fregado, secado y apartado los muebles, el daño existió pero no está documentado.
El plazo general para comunicar un siniestro en España es de siete días desde que lo conoces, salvo que tu póliza establezca uno mayor. Siete días parecen muchos hasta que se convierten en un fin de semana, un puente y un lunes de trabajo.
Llama el mismo día, aunque todavía no sepas el alcance ni de dónde viene el agua. Cuando llames, pide y apunta el número de siniestro, si envían servicio de urgencia, si autorizan medidas de contención inmediatas y cuándo está previsto que pase el perito.
Por muy estropeado que esté. Por mucho que huela. Por mucho que ocupe.
Un colchón empapado, una alfombra que ya no se salva, una cómoda de aglomerado hinchada: todo eso son partidas de tu indemnización mientras existan, y son cero euros en cuanto están en el contenedor.
Si algo es un problema sanitario evidente y no puedes esperar: fotografíalo en detalle por todos los lados, llama al seguro y pide autorización expresa, apunta con quién hablaste y cuándo, y guarda la factura de compra si la tienes.
Aquí es donde se estropea más de lo que se salva.
Sí: abrir ventanas y crear corriente cruzada, deshumidificador, ventiladores moviendo aire a ras de suelo, aspirador de líquidos para el agua estancada.
No: radiadores o calefactores apuntando a la pared, secadores de pelo, cerrar la habitación para que no se extienda la humedad.
El calor directo seca la superficie y deja el agua dentro. La madera se abarquilla, el yeso se cuartea y la humedad interior sigue ahí, ahora tapada por una capa seca que parece resuelta. Tres meses después aparece el moho y el expediente ya está cerrado.
Levanta lo que puedas del suelo mojado: patas de muebles sobre tacos o tapones, cajas sobre una silla, alfombras en vertical.
Hay materiales que aguantan unos días de humedad ambiental y otros que no aguantan ninguno. La diferencia no está en el precio, está en la porosidad.
Se pierden rápido: aglomerado y melamina (absorben agua por los cantos, se hinchan y no vuelven; suele bastar con un día largo), colchones y tapicerías, cartón, libros, archivadores, fotografías, y los tableros de instrumentos y altavoces.
Aguantan si se secan bien: madera maciza, metal, plástico duro, cerámica.
El problema es que durante las semanas de secado y obra la casa entera es un ambiente húmedo. Todo lo poroso que se quede dentro se está secando en una habitación mojada, que es lo mismo que no secarse.
Por eso lo que se salva hay que sacarlo del piso, no moverlo a otra habitación. Y hay que sacarlo a un sitio seco y ventilado: un garaje comunitario suele ser peor que el propio piso, porque comparte aire con la zona más húmeda del edificio.
Si la reparación va a durar más de una o dos semanas —y casi siempre dura más—, un trastero de alquiler resuelve el intervalo sin obligarte a decidir hoy qué se tira. Los hay desde 1 m² por unos pocos euros al mes y la mayoría permite contratar por meses sueltos sin permanencia, que es justo lo que necesitas cuando no sabes cuánto va a durar la obra.
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Mucho más de lo que dice el instinto, y bastante más de lo que dirá quien tenga prisa por alicatar.
Un forjado o un tabique empapado tarda semanas, no días, y el tiempo depende del espesor, del material y de la ventilación. La superficie está seca al tacto mucho antes de que el interior lo esté.
Si vas a reparar, exige una medición de humedad con higrómetro antes de cerrar nada: antes de pintar, de alicatar o de poner rodapié. Es una prueba de dos minutos. Cerrar sobre una pared húmeda garantiza que el problema vuelve. Pide la lectura por escrito y con fecha.
Si no estás de acuerdo, la póliza contempla nombrar un perito por tu parte; si los dos no se ponen de acuerdo, se designa un tercero. Cuesta dinero, así que compensa cuando la diferencia es grande, no por principio.
La regla general en España reparte así:
Da parte por los tres caminos a la vez si hace falta: el tuyo, el del vecino y el del administrador. Que se entiendan entre ellos es su trabajo. Esperar a saber de quién es la culpa antes de abrir expediente es la forma más común de agotar el plazo.
El plazo general es de siete días desde que conoces el siniestro, salvo que tu póliza amplíe ese plazo. En la práctica, llama el mismo día: el plazo corre desde que te enteras, no desde que sabes el alcance.
Sí, y debes: contener el daño es una obligación del asegurado. Lo que no puedes es tirar, reparar ni sustituir nada sin documentarlo antes.
Fotografía el estado actual, avisa por escrito a la aseguradora de que vas a mover cosas y por qué, y guarda lo dañado aparte y accesible. Deja constancia de la fecha.
Casi nunca, si el agua ha entrado por el canto: el tablero se hincha y no recupera la forma. Sécalo y valora, pero no lo tires hasta que lo haya visto el perito.
Como regla general, si la fuga está en una instalación privativa del vecino responde su seguro; si está en una instalación general del edificio responde el seguro de la comunidad. Tus daños propios los cubre tu seguro de hogar, que después reclama a quien corresponda.
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